I'm dying...

...in a fairy tale.

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El duende del lago

El agua estaba tranquila, tenía en su interior un ser muy especial que lo habitaba.

Todas las mañanas salía desde el fondo, con su vasija llena de agua mágica. Caminaba con su contenido dentro, buscando siempre poderla utilizar.

Empezó a escuchar un llanto desde lejos. Era casi imperceptible. Los pájaros lo rodeaban, y el viento soplaba sobre él. Apoyó su vasija en el suelo, a reguardo dentro del tronco de un árbol; y proteger su contenido tan preciado.

Delante de él apareció una pequeña niña, que lloraba desconsolada. El duende se le acercó, y le preguntó:”¿Qué te sucede pequeña?, ella con sus ojitos rojos de tanto llorar le contesto:”No se donde me encuentro, salí a buscar flores; pero no se como volver”.

El duende tranquilo, le respondió:”No te preocupes, yo tengo la solución para ti”.Fue caminando hacia el viejo árbol, en búsqueda de la vasija. La apoyó delante de él, y quitó su tapa delante de la pequeña. El duende le dijo:”Pon tus manitos dentro”, allí aparecieron sus padres que la buscaban.

Allí estaban abrazándola cariñosamente, con toda la fuerza del amor. Ya el duende no estaba en aquel lugar. Había vuelto a su querido Lago

Duendes

En lo más oscuro del umbrío helecho

Una pequeña duende he descubierto.

Flores e hilo de seda la vestían,

Mientras dejaba que pasase el día

En espera de la oscuridad.


Echado sobre el musgo y a su lado

Había un niño, en plumas abrigado,

De tez muy blanca y pelo muy oscuro.

Mientras ella miraba el crepúsculo,

En espera de la oscuridad.


Junto a la dama me senté, callado,

Y sin saber o no si hablarle de algo,

Puesto que nada venía a mi mente.

Más la dama me dijo: ¡que amable eres

De esperar también a la oscuridad!


“¿Te encuentras perdida?” Inquirí a la dama

“¿o es que es este verde helecho tu casa?”

“¿Crees tú que esta noche vendrá alguien más?”

Ella sonrió y empezó a cantar

A su niño duende.


Este dormía, y ella me contaba

Del Mar y Tierra la profunda magia,

Y me habló de encantos potentes y antiguos.

“Úsalos bien y sé osado”, me dijo

“cuando los pronuncies al atardecer”.

“¿Puedo usarlos yo?” La dama sonrió

Mientras al niño del suelo cogió.

“Claro”, me dijo, “porque éste es tu premio

Por quedarte aquí hasta que en el cielo

La Luna ha salido”.


Tomé asiento a su lado, pensativo,

Vigilante, cuando al pronto oí un ruido

De galope a través de los helechos

“¿Me aguardasteis, señora de mis sueños?”

La voz de otro duende susurró.


Un noble duende de hiedra vestido

Armado de espada y con daga al cinto

Paró su caballo entre los helechos

¡Oh! Mi corazón temblaba de miedo

Al ver sus negros ojos.


Llegó la noche; las aves callaban,

La Luna salía tras la montaña.

De repente, me sentí abandonado.

“No receles, que tú mismo has bordado

El tejido de la amistad”.


E Díjome la dama, alzando su diestra.

Lucía su frente hermosa diadema

En que la Luna miraba su luz.

“¿Querrás concederle algún premio tú?”

Preguntó a su señor.


“¿A este vigilante, amigo valiente?”

“Es enemigo, y lo ha sido siempre”

Repuso el duende, y ella dijo: “no”,

“Porque entre los helechos nos guardó”.

Me sonrió el caballero.


“No sabía que alguien nos quería bien”,

Y su voz sonó como un cascabel,

Mientras sacaba de un dedo un anillo.

“Este a la Tierra te mantendrá unido”,

Dijo, “y a la Magia, también”.


La gema era blanca como la Luna,

Y el aire arrastraba una triste música.

La dama y el caballero montaron

Y por el bosque a galope marcharon.

Yo me quedé solo.


Que no existen duendes dice la gente.

Yo he oído sus voces muy claramente,

Y cuando me siento entre los helechos,

Algunos encantos yo mismo he hecho

Que la dama me enseñó.


El anillo siempre llevo en mi mano

Y con su piedra me siento amparado.

Y a veces encuentro a mis dos amigos

En el bosque de helechos escondidos,

En secreto.


De que existe la Magia estoy bien seguro

Y cuando el Sol deja paso a lo Oscuro,

A la Tierra en mi alma latir yo siento,

Y nunca echaré de mis pensamientos.

A la dama duende y a su caballero.
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